Ayudando a curarse a una joven ciega y salvando varias veces a un millonario que, sin embargo, le maltrata, Charlot vuelve a demostrar una vez más una generosidad ejemplar ante los que le rodean y una combatividad a toda prueba. Demuestra con elegancia que la venganza es inútil y que es mejor perdonar.
En 1931, «Luces de la ciudad» obtiene un grandísimo éxito. Cuando vuelve a proyectarse en 1950 vuelve a ser un éxito. Incluso ahora, que el cine es totalmente sonoro y esta película sin embargo es muda. Esto explica en parte su carácter mítico. En adelante será una película imprescindible.
Esta obra maestra de Chaplin, da pena y risa a la vez. Alternando la escenas melodramáticas y las cómicas, permite que aprendamos las grandes emociones de la vida. Lo cual hace un bien enorme, tanto a mayores como a pequeños.
La escena en la que la joven ciega toma a Charlot por un hombre rico constituye por sí sola una lección de cine. Además tiene una enorme carga emocional. Hay que verla por lo menos una vez en la vida.



